Insolidarios

Esa es la palabra que define a los funcionarios. Ellos han sido los primeros en protestar a las puertas de los ministerios e ir a la huelga cuando les recortan el sueldo. Para los demás trabajadores se convoca a finales de septiembre por los sindicatos, como pidiendo permiso y con esperanza de desconvocarla. Tampoco el país se merece o soportaría un día de huelga, ya es demasiado tarde.
Insolidarios ya que ellos no pueden ir al paro, problema que no les quita el sueño como a los demás ciudadanos, ni siquiera cotizan al desempleo porque esa situación no es posible. Insolidarios porque cualquiera de nosotros aceptaría una reducción del sueldo para salvar su empleo o el de los compañeros, en una situación excepcional como la que nos encontramos.
Insolidarios porque ellos tienen seguro médico privado y beneficios como comedores y cafeterías subencionadas (recordemos el café a 80 céntimos de Zapatero), porque si tienen jornada intensiva y trabajan la mayoría por la mañana porqué tenemos que darles de comer, que lo hagan en su casa, además lo hacen en horario de trabajo, fichando después del café.
Todo esto lo digo con conocimiento de cómo funciona un ministerio por dentro, pues he tabajado como personal externo en varios de ellos y he visto el horror, citando a Marlon Brando en Apocalypse Now. He visto llegar un viernes de puente a funcionarios a las 8 de la mañana con el coche cargado y la familia para fichar e irse de vacaciones, no hay problema un parte de regularización con la excusa de que he olvidado fichar a la salida o que la máquina no funciona y solucionado.
Al llegar a un ministerio me han presentado a los compañeros como: "Este es Manolo, le queda poco para jubilarse", como diciendo no le molestes mucho pues para lo que le queda... después cuando supe que tenía 59 años pensaba, ¿Le queda poco para jubilarse? Cuando nosotros no sabremos a qué edad nos tocará.
En el ministerio de educación (en el antiguo hospital donde ahora se amplió el Museo Reina Sofía) he visto funcionarios pegados al ordenador, siempre en la misma actitud, como fantasmas, hasta que un día descubrí que no trabajaban, que jugaban al Tetris. A veces pienso que todavía siguen allí, que cuando hicieron la reforma nadie se dio cuenta de ellos y ahora vagan por el museo pasando el rato, como antes, pero eso sí ahora sin cobrar.
He visto funcionarios ausentarse en horario de trabajo y luego aparecer para realizar horas extras (muy bien pagadas) injustificadas. Llevarse material como papel, cuadernos, bolígrafos, medicamentos y hasta compresas de los botiquines, y luego quejarse de que no hay. Y es que el propio funcionamiento de los ministerios es nocivo. Si no se agota el presupuesto, al año siguiente no se amplia, por lo que invita a gastar. Sin embargo si no hay presupuesto, no hay ni para reponer el papel higiénico por poner un ejemplo. ¿No es más fácil pensar que si se reduce el presupuesto, una parte se reparte como incentivo entre los funcionarios y otra se reduce y se ahorra realmente?
He visto bedeles afeitarse en los aseos del ministerio, en un día que llegué demasiado pronto y nadie me esperaba, entré y allí estaba sin camisa y con la cara llena de espuma como en la barbería. Después de repartir el correo en menos de una hora, se dedicó a hacer sudokus sentado en la mesita, dando los buenos días a la gente al pasar.
Si uno va al INEM, a las 12 ya ho hay números y no te atienden, y así en muchos servicios al ciudadano. Imagínate en el mercado si te dice el pescadero que no te atiende porque se han acabado los números, así tampoco me estreso.
FUNCIONARIOS S.A. no es la última de Disney, es una de las mayores empresas de España, con casi cuatro millones de trabajadores, el 20% de la población laboral activa, números aproximados y de memoria. Recodermos que tenemos funcionarios del estado, autonómicos y municipales, muchas veces con misiones repetidas.
Que conste que no generalizo, todos aquellos funcionarios que trabajan y con ganas, no se sentirán aludidos, pero si reconocerán la actitud de sus compañeros. La huega de metro de hoy ha colmado mi paciencia y la de muchos.
|